martes, 19 de octubre de 2010

Canta ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Ya vez, la noche se hace larga, tu vida tiene un calma,
cantar , siempre cantar.



Canta,
la gente está aplaudiendo,
aunque te estes muriendo
no conocen tu dolor.



Canta… corazón callado,
declárale al viento
tu gran confesión,
habla de tu vida,
di tus sufrimientos,
cuenta tu pasado,
canta corazón.

Canta… corazón herido,
corazón flechado
que sangra de amor,
cuenta tus dolencias,
díselas al viento,
que te oiga la luna,
canta corazón.

Canta y sigue cantando,
declara tus penas,
declara el dolor…
canta, para que tu canto,
se vista de luto/
canta corazón.



viernes, 1 de octubre de 2010

Coltrane


El nacimiento de cada uno de nuestros inviables sirve demasiadas veces para que los demás nos indiquen lo equivocados que estamos porque nuestra tierra de sueños no es la suya. Así se suele juzgar, confusamente creo, la experiencia y la voluntad que la sustenta. Antes de imaginar ser lo que queremos poder ser, somos nosotros mismos los desconocidos.

O somos nosotros mismos, y nada más.

Pero nuestra voluntad es innegable, y además suele estar limpia. Todo ésto nace del famoso secreto a voces del que todos están enterados excepto el protagonista principal de la trama. Al final sí somos únicos, pero no los mejores en lo que mejor se nos da, o como mucho un día sí y otro no. Y ésto es básico para comprender la fuerza de los débiles.

¿Hasta cuando se puede mantener una mentira, por pequeña que sea? ¿quién quiere ser Coltrane, o Miles Davis? cada cual tiene una historia verdadera que contar. Y es la mejor de las historias, porque nos acerca.

Una maquinaria completa y cerrada, como la de la música, no puede acallar el desastre vital de Davis. Coltrane, ese Harpo con pijama de saxofones, andaba siempre buscando un escondite. Porque no sólo eran casi dos metros de altura, había mucho más vértigo en contención.

Nuestros defectos, nuestros tropiezos, son lo más valioso. Para los que se quedan, para los que acaban de llegar, y para los que estamos dando vueltas. No hay ninguna razón para que no los aceptemos, y que eso acabe formando parte de nuestras pequeñas felicidades excusables. Por si algún día, sin despertar, viéramos que no son tantas.

A quien lo intenta, superando esos límites no deseados del desastre, se le puede negar todo menos la posibilidad. E incluso haciendo un esfuerzo podemos ponernos de pie un segundo, y desearle lo mejor.

sábado, 25 de septiembre de 2010

ilustre dominio



Durante un plazo estipulado no se oirá al mercader. Treinta minutos sin que su voz nos haga recordar ninguno de nuestros rostros. La percepción de sus arquitecturas sonoras crea un enlace a las habituales campanas de la Catedral Vieja. Algunos creeremos nadar indiferentes entre los lugares de tránsito, otros pensarán que atraviesan los parasitarios pasillos de cristal de la Nueva Catedral.

El mercader toma con una mano la interfaz y crea una esfera de voz digitalizada. Los enormes espacios sólo están trazados con un efecto de eco y un reloj, quizá añadidos desde dentro de una pequeña habitación, o desde el mismo diálogo entre sus puertas, ventanas y paredes.

Todos saben que juegan con balances de números que no significan nada. Sus intervenciones han sido reunidas y archivadas bajo el nombre de Ciudad por el Consejo Estatal. Cada uno de sus movimientos se predice mediante tres variables que forman los posteriores niveles de su personalidad. Sin sus gestos, el mundo quizá estuviera igual de sujeto.

Junto a los que observan hay cables estirados, electrónica de juguete para vaciar económicamente la piel virtual y ampliar los mercados hacia el horizonte parpadeante de lo digital. Intervenciones a pequeña y gran escala proyectadas sobre una pantalla turbia les alegran y les aterrorizan.

Éste año están de moda los ascensores silenciosos, la tos de una muñeca y las fotografías de sombras que se unen.

Las lunas de regalo en gran formato alteran las mareas desde hace 25 años. Los edificios utilizan la luz para establecer un diálogo generado por ordenador con los inquilinos. La gente habla con los edificios sobre extraños fenómenos paranormales que se están dando en las casas deshabitadas de los muelles del extrarradio.

sábado, 4 de septiembre de 2010

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- ¡Claro que estábamos también allí, por supuesto! por la mañana llovió, fue emocionante, y a mediodía descubrimos que habíamos empezado el trabajo de muy buen humor.
- Me temo que están ustedes equivocados, allí no había nadie más. Ese día del que nos hablan no existe. Quizá creyeron que pasaban los minutos y nada ocurría, y empezaron a imaginarnos. Pero sólo estábamos nosotros y era otro día.
- No es posible, hubiera parecido artificial. Y no hubiéramos podido mover toda esa montaña de material hasta aquí solos. Y ustedes tampoco… ¡pero mire, si ahí mismo tiene los bártulos y las cajas!
- Puede que eso sea cierto, pero allí no había nadie más.

martes, 3 de agosto de 2010

The Bird

"La música es tu propia experiencia, tus propios pensamientos, tu sabiduría. Si no la vives no va a salir de tu cuerno. Te dicen que hay una línea limitadora para la música. Pero, man, no hay fronteras para el arte."





Una cosa es segura respecto a Parker: carecía del más elemental sentido común. Suele ocurrir con los genios. La falta de juicio le impulsó a llevar una existencia autodestructiva, es cierto. Pero, al mismo tiempo, esa independencia, esa irrefrenable impulsividad, convirtieron a Parker en uno de los más grandes músicos de la Historia. Y no me refiero sólo al jazz. De haber tenido juicio, de ser conformista, se habría limitado a preguntar a su profesor de Kansas, Alonzo Lewis, cómo tocar jazz. Éste, sin duda, le habría contestado que el jazz ha de tocarse tal y como lo hacían los “padres” del género: en pocas tonalidades, sólo las más fáciles para los instrumentos de viento. Pero esa pregunta nunca existió. Alguien había dicho a Parker que existen 12 tonos, uno por cada una de las teclas blancas y negras de un piano. Así pues, ¿por qué no utilizarlos todos para tocar jazz? Parker se empeñó en aprender los diversos tonos y escalas; los grabó en su memoria, incluso las escalas menos frecuentes en el jazz.

Pero no solo de tonos, escalas e intervalos se nutría el genio. En su fonógrafo portátil repetía una y otra vez los discos de su admirado Lester Young. Aprendió sus solos nota a nota, conoció la forma en que Lester sostenía las notas para dotarlas de mayor swing, también asumió su “falsa digitación”, mediante la cual era posible hacer surgir la misma nota desde distintas posiciones de los dedos, lo que permitía tocar una misma nota con diferentes efectos de cualidad y textura. Charlie Parker vivía para su instrumento, el saxo alto.

Evidentemente, sus ansias por innovar no podían hacerse efectivas en el seno de las big bands de los años 30, empeñadas, salvo excepcones honrosas (hey Duke!), en reiterar melodías y cambios de acordes prefabricados y aptos para el baile. Pese a ese corsé que suponía tocar en una big band, su cabeza era un semillero de nuevas ideas. Él mismo lo explica mejor que nadie: “una noche estaba tocando en un establecimiento de chiles picantes situado en la Segunda Avenida. Era en diciembre de 1939. Estaba aburriéndome con las variaciones estereotipadas que llevábamos haciendo todo el tiempo, y me puse a pensar que había que llegar más allá. Esa noche, mientras tocábamos Cherokee, descubrí que estaba utilizando intervalos más agudos como linea melódica y que lograba enlazarlos mediante variaciones de acordes adecuadas. A partir de ese momento conseguí tocar lo que llevaba cierto tiempo escuchando en mi cabeza. Me sentí vivo”.

Todavía se mantuvo algunos años más como músico a sueldo de big band, pero la revolución era ya imparable. Pronto trabó amistad con otros jóvenes transgresores que trataban de encontrar su estilo propio fuera de su trabajo en las bandas. Dizzy Gillespie, Kenny Clarke, Monk, Bud Powell y el propio Parker crearon el nuevo jazz en las madrugadas del Minton’s Playhouse, un garito de poca monta situado en pleno Harlem que todos ellos gustaban frecuentar para organizar las famosas jams en las que primaba todo el ideario musical de Parker: improvisación, velocidad, polirritmia y agresividad. Así, casi sin proponérselo, un puñado de monstruos alumbraron la música más maravillosa que se pueda imaginar: el be-bop.

El gran Louis Armstrong perdió una buena oportunidad de mantener su enorme boca cerrada cuando, ante el ascenso imparable de esta nueva generación, afirmó: “…hablo de todos esos jóvenes excéntricos de la calle 52. Ellos quieren ganar dinero prioritariamente y les importa un bledo la música. Uno escucha esas armonías extrañas que nada significan y pronto se cansa porque no puede recordar la melodía y no se puede bailar sobre el ritmo. Nosotros (refiriéndose al jazz tradicional de los 20 y 30′s) estaremos aún ahí cuando hayan caído en el olvido. Serán barrenderos de las calles mientras que nosotros comeremos bogavante en el Negresco”.

Charlie Parker. Heroinómano, alcohólico, bulímico. Genial, innovador, virtuoso. Tal vez el hecho de escuchar hoy a Parker no produzca las mismas sensaciones que hace 50 años. Tal vez, quienes se acerquen a él por vez primera piensen que no hay nada novedoso en su música, que es lo de siempre. Que eso sea así no se debe a cosa distinta que la tremenda influencia que Parker ejerció en todos los jazzmen posteriores. Desde Rollins a Adderley, pasando por Coltrane, todos ellos se han inspirado en Bird y han asumido su lenguaje.

Nunca apareció en la portada de un gran periódico, nunca apareció en producciones de Holywood, nunca, ni una sola vez, grabó para un sello discográfico de renombre. Ahora, 60 años después, es fácil hacer las reverencias. Es fácil inaugurar bustos en su recuerdo....a Charlie como se te hecha de menos.